El mundo está pasando a una forma sostenible de vida. ¿Qué pasa mientras tanto? ¿Dejamos de consumir todo para ser 100% verdes?
La verdad es que, a menos que vivamos en alguna tribu perdida en el Amazonas, no hay manera de que no terminemos generando alguna huella de carbono con lo que consumimos. Incluso cuando vivimos en un pueblo donde sólo se puede llegar en barco, ese barco tiene un motor de combustible, derivado del petróleo (con todo lo que implica).
¿Qué podemos hacer? Aceptar que el mundo está en transición e intentar consumir lo más conscientemente posible.
Es importante preguntarnos: ¿Dónde invertimos nuestro dinero? ¿Es realmente necesario viajar en varios coches, o podemos compartir el viaje? Tal vez comprar en ese Greengrocer's que es un poco más caro, pero cuyos productos son orgánicos... es una buena opción.
Incluso hoy existen compañías petroleras que buscan reducir el daño al medio ambiente, logrando un menor impacto por medio de software especializado diseñado en colaboración con científicos y expertos ambientales sobre el tema. ¿Sabías de ellos? Por supuesto, es fácil pensar que sería mejor erradicar la actividad, pero eso implicaría negar que nuestra ropa, nuestra comida y la energía que usamos es el resultado de tal extracción.
La solución es ser consistente, medida, consciente. Aceptar que estamos en transición y que, en este viaje, cada acción cuenta.




